20090922

EnEscenaHoy

Como si fuera un circo abandonado, cuyos extraños personajes realizan una inquietante función reusando sus empolvados trajes, Coquetos carnavales no propone un clima festivo sino un ambiente de pesadilla. Un sueño pesado, lleno de voces deformadas y matones al acecho del que no se puede despertar. La obra resulta por momentos abrumadora: la música y los efectos de sonido realizados en vivo profundizan aún más la sensación de estar en una farsa onirica que poco a poco va envolviendo al espectador en su densa irrealidad.
Un par de mónologos actúan a la vez como mojones que otorgan un sentido más comprensible a un texto díficil, que escapa de lo argumentativo sin dejarlo completamente atrás. El tono de las actuaciones, lejos de cualquier naturalismo, crea fantasmas pesados y deformes que, en las escenas de conjunto transmiten ese miedo típico que nos generan las pesadillas mezclándolas con toques de farsa.
Una obra muy particular, con un concepto estético quizás demasiado denso pero jugado al extremo y mantenido en forma impecable; que nos induce a adentrarnos en ese sueño que propone Cano donde combina lo real con lo irreal y lo siniestro con lo satírico para crear fundamentalmente un ambiente particular que nos sumerje en una pesadilla.
Martín Fernández Tojo

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